Monday, May 19, 2008

El sabor de mi familia

El sabor de mi familia

Desde que tengo memoria, recuerdo que cada ocasión es una excusa para reunirnos al rededor de la mesa a deleitarnos. Navidades, cumpleaños, días de la madre... hasta un domingo cualquiera, se convierte en un momento en la tentación suculenta del sabor auténtico de Los Paris.

¿Se han dado cuenta que El sanduchón, la clásica sopa de pollo y el mesestrone, el sabor único del pernil y el pavo, el arroz blanco con ají dulce, la salsa chutney, las ensaladas; la torta de sulu y el pie de chocolate... nos han acompañado todas nuestras vidas y tienen un encanto casi mágico en la mesa de nuestra familia?

Todas tenemos una receta que nos hace únicas, dentro de este gran clan. Y siempre hay una abuela, tía, hermana o sobrina para llamar en caso de necesitar alguna descripción en especial... pero todas sin excepción, brillamos a través de la preparación de ricos platos, dentro y fuera de nuestra familia.

Cada una de nosotras hemos nacido con un dón muy especial... con nuestra sazón en las venas!. Y con el tiempo nos hemos ido perfeccionando individualmente y como familia, logrando renovar las mismas viejas recetas a través de innumerables encuentros. Entre críticas, elogios y silencios, aprendimos con el tiempo a distinguir cuando algún elemento del suculento menú de nuestro día a día, nos cautiva más allá de lo normal o ha sido preparado con alguna nueva receta.
Todos sabemos cuando algo nos huele a nosotros y nos sabe a familia.

Nuestra tradición ha sido ser fieles a nuestras creencias culinarias. Todos tomamos sopa de pollo cuando estamos enfermos y le hacemos pastina con queso, mantequilla y leche a los niños de cena. Comemos el plátano horneado con queso para el almuerzo y usamos una lata de sardinas para darle gusto al antipasto; Abuelas, madres e hijas preparan sopas con caldos naturales de carne y pollo para los bebes, sabemos que para que las vainitas agarren sabor se les pone la vinagreta cuando aun están calientes... y para algo especial, preparamos un gran roast beaf. ¿No somos increíbles? Con esta costumbre nos hemos trasmitido nuestro amor, a través de las generaciones...

Les comparto este pensamiento porque creo que nos llegó el momento de apreciar también nuestras fortalezas. Y muy pocas familias conservan ese valor.

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